Cómo afrontar el mal comportamiento en niños y adolescentes

Cómo afrontar el mal comportamiento en niños y adolescentes

Uno de los problemas más frecuentes que trato en consulta es el mal comportamiento infantil. A menudo, llegan padres desesperados y agotados porque ya no saben cómo actuar frente a la actitud irresponsable y desafiante de sus hijos.

Estos chicos suelen tener un carácter malhumorado, siempre a la defensiva. No acostumbran a respetar las normas de conducta ni en casa ni en el colegio, desafían a sus padres mediante pataletas o importantes broncas para finalmente ganar la partida y “salirse con la suya”. Obviamente, esta situación supone un grave problema para la convivencia en familia en el que salen dañados tanto padres como hijos.

Las consecuencias para el menor, si su forma de comportarse se posterga en el tiempo, pueden ser tremendamente devastadoras ya que aprenderá patrones de conducta disfuncionales que le acompañarán durante su vida adulta.

Frecuentemente, se generan debates acerca de si la conducta de estos chicos se puede reconducir o si por el contrario son caso perdidos sobre los que poco se puede hacer ya.

Qué duda cabe de que siempre podemos hacer cosas para facilitar que los menores desarrollen pautas de comportamiento saludables con las personas y el entorno que les rodea. Para ello, es crucial ser congruente en la educación de nuestros hijos, esto es, aplicar de manera coherente el sistema de normas que fomente las buenas conductas en el menor, así como potenciar la reflexión acerca de las consecuencias que tienen nuestros actos tanto positivos como negativos.

El contexto familiar, como sistema primario y de mayor impacto en la educación del niño, debe tener claro qué conductas van a ser reforzadas o recompensadas, cuáles de ellas no lo serán, y ser firmes a la hora de aplicar la consecuencia al comportamiento del menor. Esto último es de vital importancia, puesto que la inestabilidad a la hora de aplicar consecuencias por parte de los padres puede tener un resultado nefasto, incluso llegando a incrementar aquellos comportamientos que deseamos que el menor abandone.

La mayoría de los programas dirigidos a fomentar conductas positivas en los menores están basados en el refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo positivo y castigo negativo. Para seleccionar la mejor estrategia educativa para nuestros hijos, debemos entender primero a qué se refieren estos cuatro conceptos. Emplearé ejemplos prácticos de la vida cotidiana para su mejor comprensión.

 

  • Refuerzo positivo

El niño ejecuta una conducta deseable y, como consecuencia, recibe un refuerzo o premio para que vuelva a repetirla. Ejemplo: ordena su dormitorio y se le permite elegir lo que quiere cenar.

  • Refuerzo negativo

El niño realiza un comportamiento negativo y, en consecuencia, le evitamos hacer algo desagradable para él. Ejemplo: no ordena su dormitorio y son los padres los que lo ordenan por él.

  • Castigo positivo

El niño ejecuta una conducta no deseada y recibe una consecuencia negativa. Ejemplo: no ordena su dormitorio y en consecuencia tendrá que ordenar su habitación y, además, limpiar el baño.

  • Castigo negativo

Lleva a cabo una conducta no deseable y como consecuencia pierde algún tipo de refuerzo que ya tenía. Ejemplo: no ordena su dormitorio y pierde la posibilidad de jugar 30 minutos a la consola.

 

Por tanto, los refuerzos se emplearán para que el niño repita la conducta y, por contra, en el caso de que apliquemos castigos, disminuirá o dejará de hacer la conducta castigada. Sin embargo, como ahora veremos, la aplicación de los castigos negativos a menudo tiene un alto coste para el niño.

Así pues, retomando el ejemplo del comportamiento que deseamos que el niño realice “ordenar su dormitorio”, deberíamos reforzar el hecho de que lo recoja mediante un refuerzo sencillo como prepararle una cena de su agrado. Es muy importante considerar que la magnitud de los refuerzos materiales debe ser acorde a la complejidad de la conducta. De esta forma, el reforzador que el niño recibirá si consigue aprobar un trimestre con buenas notas será más potente que si recoge su dormitorio un día.

También, debemos tener en cuenta que los refuerzos que suelen tener un mayor impacto en el niño y, por tanto, son más efectivos para promover una conducta, son los de tipo social. Reconocer verbalmente el buen hacer de nuestros menores será la manera más motivadora para que continúen madurando y cumpliendo con sus responsabilidades.

Gran parte de las investigaciones realizadas acerca de cuál sería el método más efectivo para promover las buenas conductas en el menor, apuntan al refuerzo positivo como la mejor forma de hacerlo. Es decir, reforzar aquellos comportamientos adecuados que haga el niño. Por contra, el castigo negativo suele tener menor efecto dadas las consecuencias que genera en el menor de confusión, indefensión, miedo o frustración.

En definitiva, debemos centrarnos más en lo que los niños hacen bien que en los errores que cometen. Si además de aplicar este sistema educativo basado en el refuerzo, ayudamos a nuestros menores a analizar y reflexionar sobre la importancia de las consecuencias de nuestros actos y sobre las emociones que éstas generan en nosotros mismos y en los demás, estaremos haciendo un trabajo mucho más completo y de calidad que se traducirá en adultos futuros con grandes valores.

Con el desarrollo madurativo óptimo, el niño irá interiorizando las consecuencias que tienen sus actos y, finalmente, será él mismo quien se aplique los refuerzos que le permitirán crecer y aprender. Por consiguiente, aprenderá a autorregular su comportamiento, destreza que le será de gran ayuda en todos los ámbitos de su vida.

Si necesitas más información, no dudes en contactar con nuestro centro.

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